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Misterios Entre Copas [Privado Ryu Senshi, Pasado]

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Mensaje por Aleki el 02.02.17 21:50
La noche había caído en la Península Itálica hace algo más de una hora, y aquello tenía un significado bastante simple para la mayoría de la gente, más aún cuando se trataba de un día sábado: fiestas por doquier, generalmente acompañadas de mucho alcohol y la variedad de platos – sobretodo pastas- que hacían tan famoso a aquel país europeo. Calles y locales nocturnos eran repletados cada noche –incluso en las más frías como resultaba ser esta- buscando nada más que entretenimiento ya fuera pasajero o permanente, y resultaba un obvio deber para aquellos establecimientos satisfacer sus necesidades de la manera más atrayente y satisfactoria posible con el fin último y obvio relacionado con la ganancia de dinero…o eso creía el común de la población. Y como el dinero mueve el mundo, nada debe detenerlo, ni siquiera un dolor tan profundo como la separación abrupta del ser amado.

Precisamente eso estaba viviendo la protagonista de este relato hace más o menos unos cuatro meses, tan mala expresando sus emociones que prefería ocultarlas incluso de sus propios padres, con quienes mantenía el contacto justo y necesario para saber si todo andaba bien en sus mansiones de Milán y Tokyo. Sus progenitores eran espléndidos a la hora de hacer negocios, pero también eran muy perceptivos y comprensivos con sus hijos. Sabían que Aleki no estaba bien, se notaba in extremis en su voz y en lo monótonas que resultaban sus llamadas; pero no podían –ni querían tampoco- presionarla a hablarles de lo que fuera que la tenía tan acongojada. Tenían la convicción ciega de que en cierto momento ella misma cedería, y aunque esa decisión les dolía al reflejar falta de confianza, lo respetaban plenamente sólo por venir de su hija mayor, esa a la que querían muchísimo sin importar que hubiera rechazado seguir la línea familiar.

Sus padres no tenían idea de lo que le pasaba, y asumía que su casi perfecta cara de póker funcionaba en su trabajo, alternando entre la barra y la cocina del restaurant Littorio de Nápoles, el cual rebosaba de clientes que buscaban pasar un buen rato ya fuera solos, en familia, con los compañeros de trabajo o la pareja/amante. Por temas de capacidad la habían movido a la cocina, en donde debía cerciorarse de que la preparación y el servicio fuera el mejor, incluso llegando a preparar ella misma varios platillos que estaban volviéndose populares lentamente. Al estar en un ambiente bajo altísima presión en donde cualquier error podía causar consecuencias graves como quien altera un castillo de cartas, cierto manejo emocional se volvía fundamental; el cual en ese momento estaba muy lejos de manifestarse en la joven de cabello oscuro, traje blanco y pañoleta de diseño militar, quien no había tenido un buen día antes de llegar a trabajar. Sin embargo, debía agregarse que llevaba meses sin tener un buen día verdadero…

- ¡Tercera vez que te digo y lo vuelves a hacer mal! ¡Es demasiado condimento! ¡Está incomible esto! – la voz generalmente serena – y ligeramente irritada- de la japonesa-italiana se hizo escuchar en el interior del área de cocina, dirigida a un novato que no llevaba más de dos semanas aclimatándose. Aquella forma de comportarse intimidaba y preocupaba al mismo tiempo al resto de los cocineros, quienes se esmeraban por cumplir de la mejor manera; pero sólo producía más y más errores por lo nerviosos que estaban. Una de las claves del éxito de Littorio era el buen ambiente, y esa tarde apenas estaban cumpliendo. Se notaba. - ¡Rehagan el flan de la mesa trece! ¡Revisen los ravioles antes de servirlos! ¡¡Media cucharadita de sal, no dos completas!! – había momentos en que casi les hablaba con odio, como si se estuviera desquitando con ellos por algo; y afortunadamente para ellos Aleki lo notó, deteniéndose y llevándose las manos a las sienes, tomando aire. No era ella, estaba extremadamente alterada, y estaba causando un daño considerable. Se estaba causando un daño considerable. Debía frenarlo a toda costa. – Lo siento…iré a tomar un poco de aire fresco. Guido, te dejo a cargo. – dijo sin más y corrió hacia una de las salidas laterales, cerrando la puerta tras de sí siendo golpeada bruscamente con el intenso frío del invierno italiano. Debía serenarse antes de volver y disculparse con quienes había tratado mal, consciente de que estaba perjudicando a todo el grupo y a los clientes. Debía hacerlo sin que nadie más se diera cuenta.
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Mensaje por Ryu Senshi el 17.02.17 15:23
Como una niña pequeña la mujer de oscuros cabellos exhalaba fuerte tras cada bocanada de aire y observaba como su aliento congelado se iba hacia arriba, en más de una ocasión intento darle forma sin éxito. Se sintió observada cosa que le hizo girar la cabeza hasta el hombre que a su lado estaba en el vehículo ocupado el puesto del conductor, este no pudo evitar soltar una carcajada al ver como su jefa se comportaba de forma tan infantil al tener la cabeza asomada en la ventana de la furgoneta haciendo esos gestos.

-Déjame ser feliz, me gusta el invierno- respondió haciendo un puchero y regresaría su vista hasta la ventana apoyando su mentón sobre su brazo y continuar con su infantil jugueteo. Venían de regreso tras hacer unas compras de último momento ya que durante el día su restaurant apenas había tenido descanso, los días sábados era habitual que este se llenará, pero hoy estaban con más clientes de los que esperaban y las reservas de alcohol al igual que algunos ingredientes comenzaban a escasear y ella junto a uno de los jefes de cocina se encargarían en busca de los recursos que faltasen y así continuar hasta satisfacer al último cliente que quedara en sus mesas.

A pesar del frió en las calles podía verse bastante movimiento, muchos se dirigían a los diversos restaurantes o bares de la ciudad o simplemente pasarían un buen rato con su familia en el cine o algún otro lugar, esto era algo que adoraba de la ciudad en que vivía, siempre se encontraba con vida independiente el clima o la hora, además de que podía casi sentirse la alegría que algunos lugares emanaban, como también pasaba en su local. No había sido fácil para ella iniciar en esto, pero ya habían pasado tantos años y sus esfuerzos no habían sido en vano logrando levantar al Littorio convirtiéndolo en lo que ahora era, un hermoso lugar en el cual podía disfrutar incluso la persona más solitaria del país.

-Ayudare en las mesas esta noche, según supe por ahí, unos cuantos críticos se acercarían hoy de incógnito- comento la mujer tras llegar a su destino, tales palabras llamaron la atención de su acompañante el cual la miro algo sorprendido –Tranquilo yo me encargare, pero no le digas a nadie de esto o si no estarán muy nerviosos, ¿Vale?- sonrió ampliamente y bajo del vehículo dirigiéndose a la puerta lateral de este dispuesta a sacar unas cuantas cajas –Encárgate de los vinos, yo prefiero no tocarlos- diría con desgano terminando de apilar cuatro cajas llenas de verduras, la última vez que los llevo termino por romper casi todos, había sido un accidente pero ya estaba harta de que siempre que llevaba en sus brazos alguna caja que contuviera alcohol esta terminara desparramada en el suelo. Nuevamente el hombre rio y respondiendo de forma afirmativa se haría cargo de la orden que había recibido –Muy bien regresemos a trabajar- comenzó a caminar con las cajas encima -Yo después vendré a cerrar el vehículo así que déjame las llaves, además tengo que…- su voz se apagó rápidamente al escuchar algo muy extraño proveniente de la cocina.

- ¿Qué sucede? - alzo una ceja y se acercaría un poco más a la puerta escuchando con algo más de claridad lo que estaba sucediendo ahí dentro. Su expresión cambiaria de golpe a una de sorpresa al escuchar tales gritos, durante un momento no reconoció quien era el dueño o dueña de esa voz ya que era muy raro que alguien en ese lugar gritara de esa forma –Desde cuando la cocina de mi restaurant se volvió una copia de Hell's Kitchen- soltaría con molestia Ryu y se mantendría firme a la espera del autor/a de aquel espectáculo, el cual no tardaría en hacer aparición en escena.

A pesar de la sorpresa que le causo el ver el rostro de la persona que había hecho tal escándalo en su cocina, se mantuvo con una expresión seria. Aleki había sido la autora de tal show, cosa que aun la tenia algo perpleja, conocía el comportamiento de esta chica y a pesar de su ruda apariencia siempre había sido de pocas palabras, además nunca antes la había escuchado tan alterada. Daria unos cuantos pasos pasando a un lado de esta con todo y cajas para dedicarle unas palabras.

-Cuando vuelva, quiero que sigas estando de pie aquí quieta y en silencio, ¿Entendiste? - le susurro suavemente, aunque cada palabra pronunciada parecía ir cargada de enfado, estado poco común en Ryu. Entraría a la cocina y sentiría como un silencio más frio que el clima del exterior invadía el lugar y miraría al resto de sus trabajadores lentamente a la vez que dejaba en el suelo las cosas que había traído, se levantó casi al instante y con sus manos hizo un gesto diciendo de que ella se haría cargo de esto y que dentro de poco regresaría – Después iré de inmediato a atender las mesas, con Guido encárgate de la cocina- dijo a la vez que iba en reversa hasta la puerta, cruzándola nuevamente encontrándose con el frió de la calle y también con su antes alterada trabajadora.

-Espero tengas una explicación para todo eso, Aleki- hablo cerrando despacio la puerta a sus espaldas y terminaría por cruzarse de brazos observando fijamente a la muchacha –No nos moveremos de aquí hasta aclarar todo.


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Mensaje por Aleki el 24.02.17 17:43
Una fuerte brisa helada le hizo cerrar los ojos por reacción instintiva, alzando su brazo izquierdo de la misma forma para protegerse. El frío llegó igualmente a sus mejillas y a su nuca, estremeciéndola por el contraste con sus mejillas y su corazón caliente debido a la rabia, nervios y frustración que llevaba acumulando por tanto tiempo y que había liberado parcialmente en la cocina de manera injusta con sus compañeros. Ellos no tenían la culpa de todo lo que le estaba pasando, y era consciente de que había cometido un error gravísimo que debía arreglar pronto, idealmente antes de que su jefa lo notase para evitarse problemas mayores. Sin embargo, la suerte llevaba cuatro meses siéndole ingrata y no quiso quedarse fuera del terrible espectáculo.

Ni bien abrió los ojos se encontró con la persona con la cual menos quería encontrarse en ese momento, quien en ese instante estaba cargando unas cajas con verduras, según les había informado al momento de salir hace varias horas atrás. Al tener el local rebosante de clientela los ingredientes se hacían muy escasos, por lo que compras de ese tipo eran bastante frecuentes. – J-Jefa… - musitó dentro del pequeño estado de shock en que había caído, siendo testigo de primero su sorpresa por ser precisamente ella la que había causado el problema – ya que Aleki era de ese tipo de trabajadores que cumplía con eficiencia lo que le ordenasen sin malgastar sus palabras ni hacer demasiado ruido – y luego su severidad escondida en aquel susurro, bajando su mirada levemente desorbitada hacia sus pies y la nieve que les rodeaba. No tenía que ser una adivina para establecer que Ryu estaba molesta con ella, y que exigiría respuestas inmediatamente. ¿Qué iba a hacer? No iba a decirle…

- Maldición…- siseó cuando su superior entró al local, empuñando las manos sabiendo lo atrapada que estaba. No le había dicho ni a sus padres, ¿e iba a tener que explicarle a su jefa? ¿Cómo iba a reaccionar si decía la verdad? No le iba a creer su historia…pero mentirle también era algo muy arriesgado, incluso peor que decir la verdad por muy extraña que fuera. No, no podía. No lo iba a hacer. Su orgullo le impedía dejar que los demás contuvieran sus propios problemas. Se había acostumbrado a resolverlos por su cuenta, pero algo tan grave como lo que le había sucedido a Lionetta estaba haciéndole colapsar, y eso también lo sabía muy bien…pero no quería molestar. No, estaba decidida, No iba a decir nada. Prefería que le echara del trabajo y seguir sola, como siempre había estado. Como siempre parecía estar destinada a estar.

La puerta se abrió después de apenas unos minutos, y la voz seria de la dueña del restaurante se hizo presente. La cocinera ya se había tranquilizado un poco gracias a las bajísimas temperaturas, pero su mente seguía tan inestable como un huracán. No dejaría que lo supiera, sin embargo. – No daré excusas ya que eso simplemente agrava el error que cometí. No se volverá a repetir, se lo prometo. Y si quiere despedirme, me iré hoy mismo. Aceptaré cualquier castigo que estime conveniente. –Todo eso fue dicho tras realizar una reverencia a la japonesa en perfectos noventa grados, inclinándose con toda la sincera vergüenza que podía reunir. Estaba arrepentida, pero estaba decidida a no dar más detalles. Littorio no podía darse el lujo de perder a dos trabajadoras en una conversación trivial considerando el flujo de gente esperando ser gratamente alimentado.


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Mensaje por Ryu Senshi el 02.04.17 14:28
Más que una tormenta, en los ojos de la mujer se podía apreciar una extraña frialdad, su instinto le decía que algo se ocultaba o más bien la mujer que frente a ella se encontraba algo se guardaba y debía actuar con la mayor delicadeza posible para obtener toda la información que necesitaba para así comprender la razón de todo este alboroto. Una mueca de molestia seria evitada por Ryu al escuchar las disculpas dadas por la joven cocinera limitándose a solo ser un espasmo en su rostro el cual volvería a mostrarse serio sin despegar un solo segundo sus ojos de ella, por muy extraño que pareciera la disculpa ofrecida le ofendió, Tal vez su interacción con Aleki no era de la más íntima, pero estaba segura de que la muchacha sabía muy bien que ella no se quedaría conforme con simple “lo siento”

-Sabes muy bien que eso no bastara para hacer borrón y cuenta nueva a todo esto- su voz otra vez haría acto de presencia, escuchándose firme, pero escondiendo un ligero tono su preocupación, ella era una de sus mejores trabajadores y era ridícula la idea de dejarla partir, además…No podía evitar sentirse un tanto culpable ante todo aquello ya que durante bastantes días había notado un extraño comportamiento en Aleki, si bien la chica parecía mantener un control total en sus acciones, Ryu sentía que algo no andaba del todo bien y una extraña aura oscura parecía estar cargándose sobre los hombros de la muchacha. Respetaba el espacio de esa joven, razón por la cual decidió no intervenir y aunque su mente le gritara de que debía hacer caso a ese instinto protector para así saber que rayos sucedía.

Ya era bastante tarde para arrepentirse y ahora era ella quien se disculpaba con su consciencia por no haber hecho caso ya que tal vez de esa forma situaciones como la anterior se pudieron haber evitado. Pero ya era muy tarde y llorar sobre la leche derramada no solucionaría nada, lo único que importaba ahora era el presente y el cómo se las arreglaría para dar solución a todo ello, sabía muy bien que iba a ser difícil el saber la verdadera razón del por qué esa chica terminaría explotando de esa manera, pero no descansaría hasta llegar al fondo de todo esto.

-Levanta tu cabeza y mírame a los ojos- ordeno aun cruzada de brazos –Debes estar loca si piensas que te despediré, de esa forma estarías escapando de los errores que cometiste- suspiraría fuertemente y su mirada se desviaría un poco para así seguir la trayectoria que su congelado aliento llevaba hacia lo alto, usando esto para ordenar mejor sus ideas y así idear un mejor plan de ataque, ante ella se encontraba una persona difícil y debía usar bien sus cartas para así lograr su cometido.

-Pero si estas dispuesta a aceptar un castigo, me parece bien- el azul de sus ojos nuevamente se posaría sobre la cocinera, ejerciendo esa presión autoritaria tan característica de ella –El primero y más obvio será el disculparte con todos, una vez haya acabado la jornada- su dedo índice se alzaría de golpe tras hablar, llevando este hasta la altura de su nariz y tras pasar apenas unos instantes un segundo dedo se levantaría –Y segundo…Aquí y ahora debes decirme que está pasándote- su frente se arrugaría pasando de una serena expresión a una que realmente intimidaba –No me valdrán las excusas evasivas, te conozco suficiente como para darme cuenta de que algo ocultas, Así que… Lo mejor será que hables ahora, ya que, si decides callar todo ese peso terminará por hacerte más daño y las cosas terminarán mucho peor.

Una última orden que había sido bastante clara y precisa, además no sería necesario agregar de que no la dejaría escapar por ningún lado, en su rostro se podía leer claramente esas intenciones. El dragón nuevamente mostraba su verdadera forma.


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Mensaje por Aleki el 02.04.17 21:30
Permaneció recta dentro de su inclinación, con algunos mechones de su cabello oscuro cediendo ante la gravedad. Ella no quería seguir el mismo destino, sin embargo. Su terquedad y orgullo extremos respecto a su estado anímico no le permitían decir una sola palabra, y aunque quisiera hacerlo se sentía maniatada, casi autosaboteada por la fuerza de su costumbre. Deseaba con todas sus fuerzas que su jefa tomara la vía rápida y la despachara, ya encontraría otro trabajo o se las arreglaría vendiendo comida o utensilios varios. Lo que fuera mientras no tuviera que abrir la boca.

Ni bien la escuchó hizo una mueca de frustración que la mayor no pudo ver a causa de su posición en perspectiva, pero ésta era el fiel reflejo de una derrota recién vivenciada. Ryu no iba a dejarla tranquila con facilidad, y eso le hacía sentir aún más tensa. Los músculos de sus brazos sufrieron las consecuencias de ello, y su labio inferior fue castigado por sus dientes mientras su mente intentaba a toda velocidad idear alguna excusa o argumento convincente para evitar lo que la líder de aquel restaurante parecía traerse entre manos. Bien sabía que el haber fingido normalidad tras el incidente le había dado resultado, prácticamente sin ser molestada por nadie; pero por un momento pensó lo peor: que más de alguno sabía que algo andaba mal, y que el hecho de que no le preguntasen nada era por un tema más de voluntad que de desconocimiento. Aquel mal presentimiento comenzó a atormentarle como un fantasma desde entonces.

Entrecerró los ojos con aquel tono seco emitido por la mujer, con un lado de ella resistiéndose a obedecer. A pesar de eso hizo caso, encontrándose los ojos azules brillantes de su superior con una mirada más gris de lo normal, dicho esto de manera metafórica. Reflejaba una resistida seriedad, como quien se está agarrando con todas sus fuerzas de una cornisa para no caer. En silencio escuchó sus instrucciones-órdenes, asintiendo brevemente ante la primera de ellas. Obvia y evidentemente, todos sus compañeros se merecían una disculpa y el más exquisito plato de carne con verduras que pudiera prepararles, algo a lo que no iba a replicar en absoluto. Había alterado el ambiente en la cocina, y aquello resultaba imperdonable para una persona tan fanática del trabajo bien hecho.

Su reacción sería completamente distinta al escuchar la segunda cosa que la pelinegra deseaba, transformándola en una orden absoluta ayudándose de su presencia.  Juntó los dientes al instante, y su mirada mostró cual libro abierto un sentido de alerta que duró un par de segundos. Necesitaba estabilizarse para poder seguir adelante con sus intenciones, tragando saliva con premura. Desafortunadamente para la estudiante de mecánica, Ryu no mostraba afán de retroceder en su actitud inquisitiva. De hecho, se sentía genuinamente intimidada por ella, débil y vulnerable. El Lobo se había encontrado con una bestia aún peor que ella.

- Y-yo…-musitó con la dificultad de un ahogado para tomar aire, cerrando los ojos mientras estaba cada vez más encerrada. Se negaba con todas sus fuerzas a hablar ya que eso le causaría dolor, pero el ocultarlo también lo hacía, tal y como acertadamente le habían dicho hace nada más segundos. No. No podía hacerlo, aun cuando un Dragón le miraba fijamente, generándole una inmensa presión. Se sentía tan pequeña, tan mínima…- s-sólo estoy cansada, Jefa. El instituto es muy exigente y he dormido poco, lo que ha mermado mi ánimo. – Aun así, el Lobo había logrado resistir, regalándose un par de minutos que podían ser cruciales. Lo que desconocía, es que el Dragón era mucho más perspicaz e inteligente…


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