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Mensaje por Ryu Senshi el 06.02.17 19:47
Caótico, sería la palabra perfecta para describir el ambiente que ahora reinaba en la cocina, pero no era algo completamente desorganizado, al contrario, todos los integrantes se movían ágiles cumpliendo a la perfección sus órdenes y si debían moverse estos lo hacían de con agilidad e incluso gracia, como si de una coreografía se tratase. Eran pasadas las 8 de la tarde y el Littorio estaba a rebosar de gente. Un crucero arribo y por consejo de un de los tripulantes muchos turistas llegarían hasta el restaurant para probar las delicias que el lugar ofrecía tomando por sorpresa a Ryu y sus trabajadores, razón por la cual la segunda almirante al mando se pondría su uniforme y entraría a batallar en la cocina en auxilio de sus marineros.

Para su suerte hoy contaba con gran parte de su personal, además de que su hija se había ofrecido a trabajar incluso tras haber llegado agotada de la práctica y así cubrir la demanda en las mesas, este había sido un comienzo de semana bastante agotador, pero que hacia sonreír a la mujer que ahora cortaba verduras luciendo su maestría con los cuchillos. Tras ella una sopa se preparaba, plato inicial de su menú y el cual por el frio muchos se repetían, debido a su alta demanda dos enormes ollas se encontraban a sus espaldas con el hirviente “brebaje” y debido a la prisa que esta requería dejo sus labores con las carnes y prestaría su apoyo en el plato antes mencionado. A pesar de la presión todo parecía mantener su orden, los platos fluían y el servicio era eficiente a pesar del leve atraso que pudieran tener, pero solo basta que algo salga mal para perder por completo el control, y la oscuridad se haría presente en cuestión de segundos.

Un repentino apagón tomo a todos por sorpresa y desde afuera llegaron unos cuantos gritos de los clientes debido al susto, pero Ryu también escucho uno bastante cerca de ella. La tenue luz emitida por el fuego de la cocina le haría ver la silueta de una de sus trabajadoras, la cual estaba cargando con una enorme fuente con platos sucios y debido al susto resbalo dándose un golpe en la cocina haciendo tambalear las ollas que contenían la sopa recién hecha. Fue solo cuestión de segundos para que una de estas tambaleara más de lo normal y comenzara una caída que sería dolorosa para quien terminase cubierto de sopa, Ryu rápidamente estiro su brazo para sujetar el recipiente para que este recuperara su balance, aunque no pudo evitar que parte de su contenido se derramara sobre ella.

-Rayos! - soltaría rápidamente la olla habiendo salvado del peligro a la chica, pero parte de su costado y la palma de su mano derecha ardían debido a las quemaduras causadas por su reacción - ¿Estas bien? - pregunto a la muchacha, la cual algo asustada se puso de pie y se disculparía por su torpeza, bajando la cabeza esperando ser regañada -Fue un accidente y por suerte no paso a mayores- la pelinegra caminaría hasta el lavaplatos y tomando la manguera mojaría su mano durante un largo rato esperando que el ardor se quitara con esto y podía sentir la atenta mirada de sus trabajadores -No me miren con pena, estos accidentes le pasan al cualquiera, sigan trabajando, además que se preocupan…he estado peor- bromeo y el ambiente se relajó un poco -Franz, da aviso de que se continuara atendiendo y que mantengan la calma- Ordeno a uno de los Chef principales, no sabían cuánto iba a tardar en regresar la luz y no podían a dejar a nadie sin su comida.

-Iré a ver qué tan mal quede, continúen sus labores, pero con precaución ¿Entendieron? - dichas sus palabras la respuesta afirmativa fue inmediata y a coro como de costumbre, sonriente cerro el flujo del agua tras mojar un trapo y de paso llevarse un par de botellas con agua, todo seguía su curso normal y eso era lo que le importaba.

Dejaría atrás la cocina usando la puerta lateral, está la llevo hasta un delgado pasillo, el cual se conecta de forma directa con la puerta trasera de su oficina, de esta forma se evitaba el pasar por en medio de todos los clientes. Caminaría un tanto incomoda y sujetaba también la ropa mojada por la sopa para que esta no hiciera contacto con la piel quemada en su costado derecho, por alguna razón cruzo por su cabeza el llamar a Natasha, idea rápidamente descartada ya que no creía que estuviera de humor para verle y más por un accidente…además ¿Por qué ella?

Tenía varios conocidos que podían atenderle en cosa de minutos, pero siempre que necesitaba algo era ella quien venía a su cabeza. Si, su relación era bastante cercana desde el día en que se conocieron y el cómo le hizo hablar de su investigación, pero ¿Por qué siempre ella estaba en su cabeza?, solo el regreso de la electricidad le haría volver a la realidad encontrándose de golpe con la puerta de su oficina.

Sus dudas se despejaron al ingresar a su oficina y de inmediato se quitaría la parte superior de su uniforme quedando solamente con el sujetador y encendería las luces, suspiraría aliviada al notar que las quemaduras de su torso eran leves, no tanto como su mano, la cual ahora apenas podía mover, maldijo en sus adentros y se sentaría desganada en su enorme silla, no tenía ganas de ir a ninguna parte, menos con tanta gente acudiendo a su local…ya después vería que hacer, simplemente se quedaría echada en su cómodo asiento semidesnuda dejando las horas pasar.


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Mensaje por Natt Arlovskaya el 16.02.17 1:09
Para Natt, en el día de hoy, el hospital estaba de muerte. No, no porque justo en un lugar como este se haya llenado de desgracias, al contrario, parecía que era el día de la salud porque nadie se había ni enfermado ni lastimado ni inventado alguna enfermedad fuera de lo común. De todas formas, ¿qué podrían buscar en una médica genetista? Como mucho recibía pacientes oncológicos, algún que otro padre dudoso de su relación sanguínea con sus hijos y rara vez encontraba una madre que decía que le habían cambiado el hijo. Gracioso, lamentable, depende de cómo lo pensara y quién lo viera, a ella solo le parecía aburrido. Si no fuera que esto era totalmente necesario, desde prácticas hasta reuniones informativas, no lo haría. Pero era tan necesario. Suspiró y se apoyó en el marco de la puerta de su consultorio, mientras que veía la sala de espera hacia las especialidades de ese lugar vacía. Incluso podía divisar que la sala de laboratorios solo tenía dos o tres personas a pesar de estar capacitada para unas cien. En aquel blanco hospital de ventanas inmensas ya se podía ver que se hacía de noche, que poco a poco el atardecer se reflejaba en el color del porcelanato del suelo. Sumergida entre sus pensamientos, Natt sonrió, mientras que pensaba que luego podría pasar por el Littorio para animarse un poco más, siempre que terminaba el día ahí volvía a ser un buen día. Inconscientemente sonrió de más.

La pregunta era, ¿por qué le parecía tan especial ese lugar? Quizá sus comidas, de las cuales podía sentir la dedicación y cuidado de cada plato mezclados en un exquisito sabor combinado siempre con algo de mar, haciéndole énfasis a su lugar. O podría ser sus tragos, de los cuales eran los mejores en la ciudad, quizá los mejores de Italia, de la mano de los mejores bartrender, entre los que podías ver las mejores bebidas y mezclas conocidas, podías pedir de todo. Pero también podrían ser su gente, fieles y siempre volvían, algunos hasta se animaban a cantar, tocar música en ese gran piano que pertenecía a la dueña, pero por alguna razón pensaba que tampoco era eso. Había mucho más que destacar de ese lugar que no tuviera ningún otro, sin embargo, ella sentía dentro que no era por esas cosas. No podía decir qué simplemente. O quizá su corazón negaba la condición.

Entró de vuelta a su consultorio, revisó su hoja de visitas a la cual se registraba en negativo. Observó si le quedaba alguna  otra tarea por hacer aquí en el hospital y suspiró al saber que era totalmente negativa. Algo era bueno por lo menos el día de hoy. Ahora solo tenía que volver hacia su casa, ¿verdad? Aunque pocas eran las ganas de volver hacia allí, tenía que hacerlo, después de todo hacía unos tres días que no volvía hacia su casa, tanto era su dejadez por ese lugar que hasta a veces le costaba lograr recordar dónde quedaban las cosas. Bueno, tal vez era porque no solamente se la pasaba en el Littorio tomando, comiendo y hablando sino que hacía del Littorio su casa y a veces dejaba ropa en la casa de la dueña. Ese pensamiento se le hacía levemente cálido. Pero su casa y el trabajo eran dos lugares que no disfrutaba por alguna razón, no logrando encontrar cuál.

El sonido de los tacones se marcaba más y más por las calles pedradas de el territorio italiano. La figura esbelta de la rusa marcaba una sombra alargada entre las luces viejas del lugar. Algún que otro canto de gaviota se escuchaba, y sin darse cuenta, Natt ya estaba de camino hacia ese lugar tan cálido y reconfortante. Lo que sea que tenía que hacer en su casa se pospondría totalmente.

¡Señorita Natasha! — dijo una de las empleadas del lugar. Natasha suspiró. Nuevamente su nombre completo, odiaba cómo sonaba pero no podía hacer nada cuando los empleados de por aquí la nombraban así. — ¿Cómo estuvo su día? — Sin decir nada, movió sus manos como que no podía responder. Simplemente no tenía las fuerzas necesarias. Cruzó sus brazos apoyándolos sobre la mesada del bar. La miró por última vez mientras que mostraba una cara de cansancio total, derrumbándose sobre sus propios brazos. Su rubio cabello cubría toda su cara. No podía evitar sentirse cansada todavía, ¿por qué? ¿no que el lugar era reconfortante? — Sabe, hoy... hace segundos nuestra jefa tuvo un accidente. — como si fuese una alarma que sonaba para despertarla, se levantó inmediatamente. Ni siquiera preguntó, pero en su rostro se pudo ver que ansiaba saber qué pasaba. La empleada se asustó por un momento, al tener clavado aquellos ojos sobre ella. —Se quemó aparentemente, pero dijo ella que estaba bien... aun así ninguno de nosotros estamos seguros, puesto a que no ha salido hace diez minutos de su oficina... — comentaba mientras que limpiaba la mesa de trabajo, mirando fijamente hacia la madera. Cuando levantó su vista, Natasha no estaba ahí. — ¿Se-señorita? — se preguntó.

Natasha inmediatamente se dirigió hacia la oficina de Ryu, pasando por la puerta de la cocina y el pasillo que sabía conocer y Ryu frecuentaba. No entendía por qué ese sentimiento de inseguridad la llenaba, ese sentimiento alarmante. Su relación con ella era algo más que una relación profesional, pero no podía decir que fueran exactamente familia. Decir que eran amigas también era extraño, aunque compartían debates y bromas, no era tan así, después de todo no te acuestas ocasionalmente con una amiga. Era sin duda una relación sin definir, diferente a las que había tenido ella y eso la llevaba a no comprender exactamente por qué su corazón se exaltaba cuando escuchó que ella se había herido. Sin tocar la puerta como le había enseñado Ryu que había que hacer, sobretodo con su oficina y su habitación, abrió la puerta, aunque lentamente y sin hacer ruido. Sus ojos, inmediatamente fueron recorriendo la figura de espaldas de su amiga. Su sujetador era lo único que le demostraba que no estaba desnuda, sino sentiría una leve incomodidad. Después de todo, Natasha no sentía que una mujer estaba totalmente desnuda al menos que se quitara la ropa interior, cosa que ningún japonés compartía y por eso terminaba en problemas especialmente con Ryu. Sin ser notada, pudo ver que tenía un tono más enrojecido en su lado derecho, al parecer la quemadura era leve desde aquí, pero haría falta examinarla para que no quedaran marcas.

¿Qué es lo que te ocurrió exactamente mientras yo no estaba? Sabes que no me gusta que te arriesgues de esa forma... — dijo con una leve sonrisa en sus labios rouge. Se había acordado de muchas cosas importantes cada vez que visitaba el Littorio: la primera, la oficina no era una opción para pasear por ahí; la segunda era que se tocaba la puerta de cualquier habitación y la tercera era que a Ryu le molestaba que entrara así como así. Pero quién sabe por qué, ahora el cansancio había sido remplazado en ella por un alivio incomprensible. Una sensación cálida, y quizá dulce.



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Mensaje por Ryu Senshi el 17.02.17 11:54
Suspirar, era lo único a lo que se había dedicado a hacer durante todo este tiempo, estaba cansada y la idea de irse a casa era tentador, pero antes debía revisar sus heridas cosa que le quitaba por completo las ganas de levantarse de esa silla. Su mirada se alzó encontrándose con la botella de agua junto con la pañoleta azul que usaba para cubrir su cabeza mientras cocinaba, tomo ambas rápidamente y aprovechando las ruedas de su silla se arrastraría hasta la planta que estaba a unos escasos metros de ella, no quería levantarse para ir al baño que tenía en su propia oficina y la tierra del macetero sería la encargada de recibir el agua que caía mientras mojaba la tela. Una sensación de alivio temporal le inundo al momento que la húmeda pañoleta cubrió su lastimada mano, el dolor comenzaba a molestar y era obvio ya que las quemaduras en esta eran de considerable gravedad, pero era su pereza la que le impedía el hacer algo.

Se podía decir que tenía una buena tolerancia al dolor ya que su costado prácticamente no le molestaba tanto, aunque debía moverse con cuidado. Resoplo con desgano, debía hacer algo y tenía que ser ya, por un momento miro el teléfono el cual estaba conectado a la cocina para así pedir que llamaran a su hija y esta le ayudase llevándola hasta la casa de Natt, esta última quizás ya estaría en casa, según recordaba estas eran las horas en la que dejaba su trabajo en el hospital para volver a su hogar…Y ahí seria el momento en donde su mente se frenaría y terminaría por cubrirse el rostro como si intentara ocultar una extraña vergüenza que comenzaba a invadirle. Nuevamente esa mujer volvía a sus pensamientos, bueno era lógico ya que prácticamente se había convertido en la doctora de su familia, no solo atendiéndola a ella, también a sus hijas y cada integrante del restaurant cuando se necesitaba, pero… ¿¡Por qué siempre ella!?

- ¿Qué me está pasando? - sus dedos se moverían lentamente en círculos acariciando su frente intentado calmar su alterada mente, ¿Desde cuándo pensar en ella se había vuelto tan extraño?, a pesar de su curioso encuentro hace ya varios años, la relación entre ambas era tan fuerte que a veces no eran necesarias las palabras para saber lo que la otra pensaba o como se sentían y su compañía se había vuelto habitual tras la partida de su esposa, no podía negarlo y menos a estas alturas, Natt era demasiado importante para ella, tanto que ya se había vuelto una parte de su vida ocupando un lugar importante en su corazón.

Pero había algo que no podía explicarse por más vueltas que le diera al asunto, ¿Cuál era el tipo de relación que tenian?, no sabía si catalogarlo como amistad ya que durante estos últimos dos años pasaron de compartir momentos graciosos, debates e incluso una que otra discusión a compartir la misma cama y con bastante frecuencia que hasta el día de hoy se mantiene y no solo su habitación, su oficina en la que ahora se encontraba también había sido otro de los lugares en que más de una vez dejaron de lado la charla y terminarían dejándose llevar.

Aunque no todo era sexo, muchas han sido las veces en las que simplemente la cargaba hasta la comodidad de su habitación y así descansar con ella entre sus brazos, pasando juntas una noche cálida en este crudo invierno que azotaba el continente, incluso llegaba a soportar ese pesado olor a nicotina impregnado en la rubia con tal de tenerla cerca. Y ahora curiosamente la mujer que ocupaba sus pensamientos aparecería a sus espaldas.

Sonreiría suavemente al escuchar la voz que desde atrás apareció, había llegado a ese lugar a pesar de que ella mismo evito llamarla para no molestarla, vaya coincidencia, aunque no iba a negar que le alegraba verla. Se sentaría algo más erguida y giraría la silla quedando frente a ella, levantaría su mano derecha cubierta con la tela mojada y señalaría su torso quemado.

-Perdón…Mamá- respondería en un fingido tono molesto – Pero se cortó la luz y una de las chicas resbalo golpeándose en la cocina, casi le cae la olla con sopa hirviendo y la sujete antes de que pasa algo más grave, debo cuidar de mi gente incluso si tengo que recibir yo ese daño, no es algo tan grave, pero…- una mueca de incomodidad delataría el cómo se sentía en esos momentos –Sí que es molesto este dolor- diría entre dientes casi gruñendo y volvería a buscar una posición cómoda en ese enorme asiento, por su cabeza paso la ocurrencia de hacer una pequeña broma para darle algo más de gracia al ambiente –Hey mamma, ¿Me das un beso para que así se quite el dolor?


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Ryu Senshi
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Mensaje por Natt Arlovskaya el 12.04.17 11:38
Su mirada iba directamente hacia la herida y luego recorría lentamente su cuerpo como si estuviese examinándola de a poco. Aun así, desde el marco de la puerta, Natasha podía identificar muy bien una herida y cómo curarla. Quizá porque después de estos últimos años, ella se armó de experiencia necesaria por los tantos accidentes que tenían los miembros de la cocina del Littorio, aunque no precisamente eran todos hechos en la cocina. A decir verdad, sería una de las primeras veces que veía una quemadura como accidente en la cocina, ¿o la primera vez que veía una accidente en la cocina? Qué más daba. No iba a sospechar de Ryu, pero de los demás… digamos que si vienes con una herida de bala, no quedan muchas opciones. Se levantó, antes haciendo contacto con la mirada de ella, que presenciaba dolor y ardor. No le gustaba verla así. ¿Por qué no era capaz de cuidarse un poco más? Así no tenía que quedar tan desarmada Natasha.

No me digas mamá, y menos si haces cosas como estas... si fuera tu mamá, no te pasaría nada de esto. — dijo con un tono algo molesto. Acercándose hacia donde estaba lo primero que hizo es ver dónde estaba gravemente herida. Parecía que el impacto era más fuerte en el brazo, mientras que en su torso había sido mucho menor. — Además de sujetarla, te cayó un poco de agua, ¿verdad? Eso empeora las cosas. — estaba seria, de eso no cabía duda. Cuando Natasha se ponía seria es porque iba a tener toda la atención primero en la herida. En parte, era un alivio porque así sus pensamientos dejarían de atormentarla y terminar haciendo algo que, sin ir más lejos, lastimaría a las dos a largo plazo. Suspiró, se levantó y tomó un poco de alcohol en gel que había en un pequeño mostrador, de esa forma podía tratar la herida sin traerle un factor externo. En eso, procedió a buscar los guantes de látex, no encontrándolos en la búsqueda, y haciendo que se pusiera aún más desesperada en ella.

Suerte que traje mi bolso, algo debo tener aquí. — y de inmediato empezó a buscar entre sus bolsillos de la bata de médico, y nada. Acto seguido procedió a buscar entre su bolso. Algo debía de haber. En eso, encontró una crema que la encontró lo suficientemente útil y un poco de gasa, aunque no lo necesario para la magnitud de la herida. — Qué mala suerte que no soy de otra llama, porque si no esto... sería más fácil... — musitó para ella misma. Levantó su mirada y la observó directo a sus ojos. Solo buscó en ellos una aprobación para poder aplicar esa crema, que aunque si no la tuviese, lo haría de todas formas. Levantó su mano para poder recostar un poco el asiento, quedando a pocos centímetros de sus labios y sonrió. ¿Le daría o no un beso? Al terminar, y recostarla de una manera que le quedaba cómoda a ella, se quedó en esa posición. No iba a avanzar más que eso, de hecho, tenía algo pensado exactamente para esta situación.

Solo uno… — con sus manos, untó rápidamente un poco de esa crema y dejó el resto en uno de los bolsillos de su bata, y justo antes de aplicarla en la herida, le besó con cariño la frente. El momento fue lento, pero preciso para poder aplicar justo en el brazo, lugar donde más le dolería. Incluso ella apretó un poco sus labios y su ceño cuando se dio cuenta de cuánto se estremecía Ryu por el dolor. Cerró sus ojos y de sus manos emanaron unas llamas violáceas, mientras que la crema se multiplicaba y así mismo, la usaba para aplicarlo en su brazo terminando al fin con su mano que había sido la más afectada, y mientras tanto, daba pequeños besos en su frente. Se echó hacia atrás cuando terminó con el brazo, mirando así el torso desnudo de Ryu. Desde su clavícula, pasando lentamente por sus pechos quienes aún tenían sujetador y bajando hasta donde estaba la quemadura, aunque leve, pronto podía llegar a ser un problema, o más bien, en un futuro.

Pero sin quitarse de encima, la observó a sus ojos. ¿Estaba sufriendo? ¿Le aliviaba la forma en la que la estaba tratando? ¿Funcionaba? No sabía. De vuelta estaba mirando su cuerpo, Natasha era inevitable en eso. No podía negar que le gustaba Ryu, en un sentido sexual, claro está. ¿Pero en el otro sentido? ¿Por qué se preocupaba tanto por ella y por qué le traía tanto alivio verla? Eso no era algo que podía descifrar en este momento, pero, vaya que ahora le molestaba para pensar. Temía que en algún momento de conocerla pudo haberse encariñado de más, y aunque sabía que ella pertenecía a la mafia, no como Aria, aun así, temía. No podía pasarse, había algo que realmente la detenía, aunque cualquiera que mirase desde afuera diría que no era lo suficiente, después de todos los encuentros se hacían más y más seguidos. Negó con la cabeza, su llama poco a poco se hacía inestable por no pensar con claridad y dejar que sus sentimientos se metieran en su cabeza y acapararan todo el momento. En eso, se acordó de un detalle importante: la gasa. Levantó su vista, ahora sí mirando a Ryu, mientras que se alejaba levemente. Podía tomar un respiro de sus pensamientos en este momento.

Tienes alguna venda o gasa, ¿verdad? Tenemos que vendar la herida… incluyendo la del torso. — caminó hacia el botiquín que llevaban en el restaurante y sonrió al encontrar suficiente como había previsto. — Esto bastará… — se detuvo solo para caminar hacia ella, tomar un poco de la crema y untarla de vuelta, solo sosteniéndose de la silla de ella. — Tienes que quitarte el sujetador ahora, ya sabes… hay que ver si no te has quemado por ahí también. — su sonrisa ya decía otra cosa. Ya estaba jugando con la situación, y al terminar de poner la crema, tomó su brazo y comenzó a vendarlo con rapidez y facilidad. Luego, recorrió desde el codo hasta su hombro en una suave caricia, y después bajando por su espalda para lograr quitar el seguro del sujetador aunque no quitarlo por completo. Solo lo aflojó, y con el movimiento, logró ver que no tenía nada, pero que sus curvas eran realmente atractivas. Se acercó más, rodeando con la gasa su cintura, y acercando sus propios labios a los de la morena. Sin perder el tiempo, avanzó con un lento pero candente beso, siendo totalmente cautivada por los labios de ella. Se separó, solo para saber que ya tenía cubierta la parte de atrás, y sonrió luego, alejándose un poco.

No debería molestarte más, ¿verdad? Hm... ahora es cuando de verdad se sentiría bien fumar un cigarro. — dijo con una sonrisa. No podía evitar pensar que tal vez se había equivocado un poco, pero, ¿qué importaba realmente? No era como si se preocupara por eso, Natasha era así a veces. ¿Pero por qué el beso tenía más sabor que otros? ¿Es porque de verdad esta vez no solo pensaba en el sentimiento egoísta de besarla? En seguida, se paró derecha y comenzó a tomar el cigarro con sus labios, increíblemente sin dejarle marca de su tono rouge y antes de prenderlo, la miró por última vez.

Una advertencia más: no se fuma en la oficina de Ryu.



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Natt Arlovskaya
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Mensaje por Ryu Senshi el 23.05.17 11:11
Una sonrisa algo infantil se haría en su rostro al escuchar su respuesta y tampoco pudo negar de que parte de lo dicho por la mujer le sorprendió, Natt estaba bastante preocupada por ella, cosa que podía ver claramente en sus ojos. Quizás eran los años que llevaba a su lado, aunque la boca de esa mujer dijera una cosa, Ryu claramente sabía que no era así solo con observarla.

-Sí, estábamos preparando la sopa que servimos de entrada- contesto –Solo se derramo un poco y eso termino por caer en mi brazo y costado- por un momento su voz haría notar el dolor que sentía ya que una fuerte punzada ataco su brazo, soplo con fuerza en un intento por relajarse y sus ojos buscarían a la mujer, sorpresa fue su reacción al ver la seriedad que su rostro reflejaba, reacción que supo cómo disimular para luego dedicarle una suave sonrisa a la rubia como si intentará decirle de que todo iba a estar bien, además de que estaba lista y dispuesta para recibir el tratamiento para sus heridas. Aunque por momentos contuvo la risa al ver como Natt hablaba mientras buscaba algo con que tratarla –Cariño, estas más desesperada que yo- comento haciéndose la tonta y apenas se inmutaría ante el acercamiento de esta.

Podía sentir el suave aroma del perfume que Natt solía usar, mezclado con el olor que el humo del cigarro impregnaba en su ropa, aunque este ya no le parecía tan fuerte y molesto como en un comienzo… ¿Tal vez se había acostumbrado a este?, de hecho, se había convertido en un aroma que solía extrañar de vez en cuando. Permaneció tranquila aun cuando la doctora estaba a escasos centímetros de sus labios, no esperaba mucho de aquel acercamiento ya que conocía suficiente a esa mujer como para saber qué tan corta distancia nunca sería acortada, pero aun así disfrutaba de esa cercanía.

-Con solo uno no me conformare- susurro a la vez que cerraba sus ojos, el suave contacto sobre su frente le haría sentir una reconfortante calma, tanta que terminaría por hacerle suspirar aliviada aunque poco duraría ya que el dolor no tardaría en hacer acto de presencia y se notaría por como su cuerpo reaccionaba involuntariamente a este, los labios de Ryu se apretaron con fuerza en un intento por ahogar cualquier sonido o queja y simplemente observaría el cómo las llamas de Natt comenzaban a hacer su trabajo, otro suspiro escaparía de su boca al sentir como los labios de la doctora besaban suavemente su frente, no negaba que el estar tan cerca de ella era algo que disfrutaba y más si eran momentos donde tan extraña mujer sacaba a relucir esa dulce faceta.

Pero de lo bueno poco y su momento de dicha pronto acabaría al ver como esta se alejaba, un puchero notorio en su rostro fue su mensaje para la rubia indicándole de que no se alejara, aunque fue ignorada por completo ya que Natt continuaría con su labor. Sus ojos permanecieron clavados en el rostro ajeno pudiendo observar como esta le miraba, nuevamente una sonrisa se haría en sus labios al notar como esta tras mirarle a los ojos regresaría su atención hasta el torso el cual casi desnudo lucia, ya conocía esa mirada lo suficiente y tenía una leve noción de lo que en la mente de esa mujer podía estar sucediendo. A veces el deseo era tan obvio, sentimiento que Ryu también compartía, pero este causaba una extraña sensación en su cuerpo, hace ya bastante tiempo y por primera vez en su vida la pelinegra se dejó llevar siendo cautivada por los misteriosos encantos de Natt y sin darse cuenta terminaría desnudándola para hacerla suya sobre el sofá que a escasos metros se encontraba.

La pregunta hecha por Natt le regresaría a la realidad y con un simple gesto de su mano señalo el botiquín mientras agitaba levemente la cabeza para alejar esos recuerdos que se mantenían bastante frescos en su memoria, aunque las palabras dichas por la otra le hicieron alzar rápidamente la mirada dedicándole una sonrisa burlesca.

-Siempre buscas la forma para poder ver mis pechos- bromearía al notar como la expresión de Natt delataba sus intenciones, Ryu permaneció quieta y sin dejar de mirarle espero a que esta terminara con el vendaje de su mano, una agilidad digna de admiración no por nada ella era su doctora personal, aunque esas habilidosas manos comenzaron a tomar un curioso rumbo logrando soltar el broche del sujetador dejando a la vista gran parte de sus pechos - ¿Ves?, no hay nada- dijo casi en un susurro sobre los labios de la rubia segundos antes de que estos reclamaran los suyos, un beso para el cual estaba preparada, aunque una extraña sorpresa se hizo presente en la pelinegra, no era raro que Natt tomara la iniciativa de vez en cuando, pero esta vez esa unión tuvo un particular sabor…aunque poco tiempo tendría para pensar ya que tan pronto como empezó ese encantador momento acabo.

- ¡¿EH?! – exclamo Ryu con notoria molestia -Como siempre dejándome a medias- sujetaría el tirante de su ropa interior para así evitar mostrar más de lo que ya tenía a la vista, intento volver a cerrar el broche, pero por culpa del vendaje apenas podía sujetar bien parte de la prenda, resoplo levantando algunos de los mechones que caían por delante de su rostro y poniéndose de pie rápidamente comenzaría a andar a la vez que extendía su mano ilesa tomando el cigarro que amenazaba con ser encendido.

-Llevas conviviendo conmigo bastante tiempo y las reglas son claras- una severa mirada le dedico estando a escasos centímetros de ella, la altura le jugaba en contra pero aun así esos intimidantes ojos azules dejaban claras las reglas de su territorio, aunque pronto el rostro de la mujer se suavizaría y lanzando el cigarrillo hasta su escritorio agregaría -Siempre lo enciendes una vez terminamos de hacerlo…No me digas que acabaste con tan solo un beso- diría con un burlesco tono de voz que luchaba por contener la risa ante tal comentario -Sé que a veces soy intensa en la cama, pero no creí que fuera para tanto- fingida arrogancia que pronto desaparecería y ahora sus brazos buscarían el cuerpo de la mujer.

-Ayúdame con mi sujetador si es que no vas a continuar- dijo suavemente y a pesar de las heridas usaría ambos brazos para rodear la cintura de Natt pegando su cuerpo al de ella, su cabeza suavemente se acurrucaría sobre el pecho de esta, atrás había quedado el repentino deseo que ese último beso había despertado, ahora lo único que quería era tenerla a su lado. Permaneció en silencio durante unos minutos y si era sincera comenzaba a disfrutar de tan cálido contacto.

-Antes del accidente estaba pensando en llamarte para que vinieras- comenzó a hablar con tranquilidad –Igual en caso de que no aparecieras pensaba en llevarte la cena a tu casa en cuanto acabara mi turno, últimamente te has descuidado demasiado por el trabajo- y de nuevo saltaba a la luz su característica preocupación, sentimiento que compartía con todos los que estaban bajo su cuidado, pero sin duda la doctora ocupaba un lugar privilegiado al igual que su pequeña hija.


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