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♔ S U Z U M E [Construcción]

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♔ S U Z U M E [Construcción]

Mensaje por Suzume Tsukino el Mar Oct 18, 2016 11:56 am




SUZUME
SUZUME TSUKINO
fire
tormenta
year
18 años
member group
independiente
status
heterosexual - soltera
occupation
student - miko
nationality
japanese

Mamushi Hojo // Ao no Exorcist

HISTORIA.

Nacida en el seno de una familia dedicada a la religión japonesa, segunda hija del matrimonio Tsukino y nacida tres años exactamente después que su hermana, fue nombrada Suzume, entre juego de palabras para Susano'o. Bajo la luz de la luna llena, con su nombre significando "el sonido de los cascabeles", Suzune nació. Mientras ella veía por primera vez el mundo, en otro cuarto, su hermana Nishiki era marcada por el clan de la serpiente correspondiente a su templo, por las manos de su propio padre, en un tatuaje que la iniciaría en la familia.

Quizá escucharlo hasta de escalofríos. Pues, dándolos o no, tres años después el mismo destino que su hermana le tocó a Suzume, quien había crecido como una niña sana a vistas de sus propios padres y tal como decía la profecía que sería. En el mismo momento que su hermana menor nacía, y con ella se llevaba la vida de su madre como decían los escritos, ella como su hermana mayor, era introducida por su padre. Marcado en rojo sangre, desde su ojo izquierdo, bordeando todo su cuerpo hasta llegar a su pie derecho, con el dibujo de una serpiente hecha de flechas nada más, se convertía en un miembro más de la familia Tsukino, y del clan Mamushi. La piel de una niña marcada a servir a aquella religión japonesa de la que muchos eran fieles, y muchos más esperaban encontrar algo de poder en ella, así como también algunos pocos que conocían el secreto de la familia. Y así era, el clan Mamushi que había nacido a partir de una maldición hacía quinientos años. Aquella empezaba con la traición de una mujer a una deidad en forma de noga, quien por tal hecho que la dejó marcada, antes de morir le implantó una marca, aquella que rodea a las nuevas generaciones. Ésta, la obligaba a cuidar de aquellas cajas que había robado, pero además, marcaba que tendría tres hijas. Una de ellas, menos la menor, sería quien cuide con el alma aquellas armas y el templo donde la serpiente vivía; mientras que la menor sería quien de a luz la próxima generación de mujeres, siempre el mismo día marcado por el pecado, y que al dar a luz la última niña muriese. Que este cuento sea contado de boca en boca, y que el despertar de la hermana sagrada sea el mayor de los desafíos, pues tendría que cargar con el peso de la familia.

Y aunque Suzume era pequeña cuando le contaron la historia, mientras sus lágrimas caían debido al dolor de ser marcada en la piel, aun así, le gustaba la idea de ser la elegida. Por un momento pensó que ella tenía futuro, y que aun más lo tendría siendo la elegida. A pesar de que serlo significaba renunciar a toda su vida social y pasar a formar parte uno y uno con el templo, la idea, le agradaba... aunque solo de pequeña.

Pasaron los años. Suzume era una niña sana, creció de forma uniforme, como sus hermanas y tal y como lo mencionaban en las escrituras. Daba incluso miedo entender cómo funcionaban, y el hecho de que fuesen tan exactas a algunos les causaba curiosidad. Tanto Suzume, como sus hermanas Nishiki y Ao, tenían encargado cuidar el templo con su padre. Rezarle a los dioses y deidades, leer las solicitudes, pedidos y demás, así como también limpiar el templo, las armas normales y decorativas que simulaban ser las reales. Todo eso debían hacer las pequeñas hermanas. Debían aprender, puesto a que la profecía bien decía que la sucesora actual y cuidadora en algún momento moriría, llevándose así el secreto, pero antes pasándole el poder a la siguiente. Su tía era quien se pasaba día y noche rezando, pidiendo y rindiéndole culto. Tal era el trabajo que pocas veces la podían ver sola disfrutando de su propia vida; tanto era el sentimiento de verla suprimida por el trabajo asignado transversalmente que parecía que no tenía ni vida para ella.

Y sin embargo, Suzume de niña soñaba ser como ella.

Pasados los años, a los seis, como su hermana mayor, ella empezó la primaria en una escuela normal de Tokio. Asistió normalmente como cualquier estudiante, con la particularidad que ella debía llevar una vestimenta distinta. Producto de burlas, por su cabello cortado de forma rara sumado a su peinado extraño para cualquiera y sus ojos pintados a temprana edad, simulando ser una serpiente y su amor por ellas, no fue exactamente la chica social y puramente popular de la secundaria. Más al contrario, era una niña solitaria que solamente se juntaba con otros dos miembros del templo vecino, de los cuales ellos también estaban levemente marcados. Uno de ellos se llamaba Shima, el otro se llamaba Takeshi. Ambos eran muy importantes para ella, ya que eran sus únicos amigos en la primaria. La historia continuó en la secundaria. Sobresaliente, sin hacer muchos amigos, Suzume empezó a formar un vínculo con Shima que era más peligroso de lo que parecía. Ambos, se sentían levemente atraídos aunque para ella era una relación prohibida.

Muchos preguntarán el por qué o qué tiene de malo que ambos terminen de esa forma. En su momento, como cualquiera adolescente de su edad, también se preguntaba lo mismo. Recibía día a día advertencias y el acercamiento de ambos se hacía más notable. Respirar al lado de él sin sonrojarse o sentir una atracción era algo imposible. No podía evitarlo, ambos. Suzume estaba enamorada, y como cualquier adolescente sentía la necesidad de acercarse. Más aun que Takeshi estaba alejado de ambos, en su ruta a buscar la paz interior budista. En consecuencia, Suzume y Shima pasaban tiempo solos y juntos. Su hermana mayor quien siempre mantenía en vista las relaciones de su hermana, le advirtió: "Suzu, yo no le echaría el ojo... tenemos prohibido amar nosotras dos, déjale esa tarea a Ao... de hecho, ambos harían una pareja increíble, ¿no es cierto?". Suzume frunció su ceño y empujó a su hermana, la respuesta fue mucho más agresiva. Por primera vez en la vida veía que la vida que siempre había soñado no era más que encarcelarse a sí misma. Recordaba entonces ver a su tía quien solo ocupaba el poco tiempo de su vida en regar las flores, más no mantenía relación con nadie e incluso no hablaba con la familia. Sus días pasaban solamente rezando, adorando, entrenando, haciéndole culto y todo a aquellas armas que ella nunca tuvo el valor de conocer. ¿Era eso lo que quería? ¿Es esto lo que verdaderamente quiero? Vivir toda mi vida en una mugrosa mansión yo sola, alejada de la villa, cercana a esas armas y las voces de los ancestros, sirviendo a una maldita profecía que, oh, casualidad, se está cumpliendo. ¿Acaso esto es lo que verdaderamente quiero en mi vida? ¿No puedo ser... como... las demás?

La envidia que nunca había pasado por la cabeza de Suzume, apareció. Esa vida que se estaba perdiendo, la adolescencia que podía ver que todos sus amigos disfrutaban. El celular que nunca pudo tener. La ropa que nunca pudo usar. Los juguetes, tecnología, libros, series, videojuegos, todo aquello que nunca pudo tocar se le pasaba por la mente mientras rezaba junto a Shima, en una vuelta a la escuela. Entonces, abrió los ojos y pero no detuvo su rezo, y lo miró. Fijo. Como una serpiente a su presa, una silenciosa serpiente a su presa. Él percibió eso y sonrió, le advirtió que si se detenían tenía que ser lo suficientemente importante con para negarse a rezar a una deidad. "Yo no me detuve. Ese fuiste tu. Incluso ahora, yo puedo recitar el canto..."; Sus labios se movían lentamente mientras recitaba con precisión, aunque susurrando, aquel rezo. Su voz sonaba como un pequeño canto, no dejaba de mirar a los ojos a Shima. Esa distancia que debían mantener por fin se rompió, y Shima tomó su brazo acercándola más a él y la besó. Incluso en ese momento, Suzume podía escuchar su voz interior recitando el canto, aunque los labios de su primer amor incluso eran más importantes que todo lo demás. Poco a poco, se fue olvidando de lo que estaba diciendo, aceptando las manos de él mientras que caía sobre el suelo del templo. El beso era incluso más caliente, y a medida que se acercaba se intensificaba más y más. Tumbada en el suelo, arriba estaba él y los ojos de los dos mostraban deseo. Se apartaron y no mencionaron el asunto durante todo el día.

Pero los encuentros se hacían más profundos en el salón del club. Perteneciente al club de lectura, Suzume se pasaba horas leyendo mientras que disfrutaba de la lluvia o los días soleados. Cualquier día era ideal para leer, pero mucho más los días lluviosos. Pero los días nublados no se leía en el club, porque normalmente no había suficiente luz natural para poder iniciar una lectura sin sacrificar la vista de ambos en eso. Entonces, era cuando ella se encargaba de practicar el baile de su región para el templo y él simplemente se quedaba observándola como todos los días desde que eran pequeños. Y poco a poco, ese baile fue cambiando para llevarse consigo todos los días monótonos, grises, dándole color rojo. Nuevamente esos encuentros se hacían recurrentes y más en la temporada de otoño, donde no llovía, no había sol pero sí el gris inundaba el cielo. Suzume sabía que estaba haciendo mal, que su pecado pronto lo debería pagar, pero tenía la certeza de no ser la elegida a la hora de rendir cuentas o que su tía iba a vivir lo suficiente para dejarla ser normal. Es por eso que rompió el pacto, se olvidó de sus propias palabras pero sin abandonar sus creencias. Se dejó llevar por el color rojo y pronto estaba en los brazos de él, consumiéndose ambos.

No se puede decir que fueron muchas veces ni tampoco tantas, pero fueron suficientes para dejar marcado que ambos eran el uno para el otro. Sin embargo la edad de Suzume pronto llegaría a ser suficiente con para tomar entonces la responsabilidad y su tía se veía repentinamente débil sin razón alguna. La preocupación la inundó, la incertidumbre de no saber si era o no la elegida. Su hermana se daba cuenta, entendió lo que estaba pasando y sin embargo, se quedó callada.

Su tía cayó en cama y la ceremonia comenzaba a acercarse. Ya no podía escapar, tenía que pasar sí o sí. Hasta Shima se sentía un tanto preocupado por el hecho de que ella terminase siendo la cuidadora, puesto a que, tendría que rendir culto hasta sus últimos días.

Sin embargo, Suzume asistía a sus últimos días de escuela despreocupándose por dicho hecho. Por lo menos en la escuela encontraba ese rincón que siempre había querido esperar. Shima se había puesto más frío, alejándose de ella hacía unos días por el tema de la sucesión y eso la había puesto un poco furiosa, ¿o es que acaso se estaba resignando? El corazón de ella no lo soportó más y la inseguridad por el tema le recorrió la espina dorsal, al punto de que incluso se sentía un tanto más furiosa que de costumbre. Así fue como lo encepó, terminó por enfrentarse con él y preguntarle por qué la estaba evitando. Shima entonces contestó: "Suzu, no tenemos futuro". Las palabras de Shima la desmoronaban por cada segundo que él utilizaba para pronunciarlo. No hay futuro. No hay futuro en ella, mejor dicho. Suzume podía ser entonces la persona quien cuidase, y Shima terminaría por quedarse solo. Ella se quedaría sola. Tembló, y lo volvió a observar. Quiso sostenerlo una vez más, acercándose y él la empujó contra la pared. Así, sin más, se deslizó contra esta y cayó al suelo, mientras observaba con esos ojos dignos de una serpiente, con esos ojos a quien devoraba hacía poco. Su presa se iba silenciosamente sin antes no echarle una mirada de asco.

Por qué.

Los sentimientos la desbordaban los últimos días, la espera sin duda la agotaba y no entendía por qué había él tomado esa decisión. Todo lo que él dejó en ella, poco a poco la consumía y sobretodo en las noches. Hasta que pasó esa noche. Esa noche que Suzume sin querer había salido para despejarse, lo había visto a él con su hermana. Su propia hermana menor, quien rápidamente la había traicionado, aunque tal vez era algo que ella misma se estaba buscando. Cómo era que podía haber pasado eso, no sabía bien, pero sin duda no podía reprimir esta vez lo furiosa que estaba. Sus ojos entonces se cruzaron, y él nuevamente puso esa cara de sorpresa como cuando por primera vez la había visto. Suzume no recuerda nada más de lo que había ocurrido desde este momento, puesto a que ella sentía que se había desmayado.

Ojalá te mueras.

Ese susurró, ese pequeño cascabel sonó dentro de ella. Ojalá te mueras. ¿Para quién era eso? Ojalá te mueras. ¿Por qué yo diría eso? Ojalá te mueras. ¿Por qué él hizo eso? Ojalá te mueras. El susurro sonaba cada vez más y más fuerte, ya no era más que un solo susurro. Los cascabeles resonaban en su presencia tan dentro de ella. Sus ojos no tardaron en tomar un tono violáceo, casi rozando el rojo. Sus escleróticas se volvían color negro, sangre corría de sus ojos como en llanto. Su propia hermana se dio cuenta de lo que estaba pasando, puso atrás a Shima y empezó a gritarle a su propia hermana, rezando por medios pero no había forma. Su hermana ya recitaba los cantos que ni Ao sabía que existían, y de la tierra salía una serpiente blanca con ojos rojos que miraba fija a su presa. Entonces Suzume susurró esas palabras, esas que estaba atesorando en ese momento. La serpiente inmediatamente lanzó llamaradas rojas hacia Shima, quien salió herido, pero sin antes pretender atacar a Suzume. Ao también hacía lo suyo, mientras que intentaban inmovilizarla. No había forma, ella había despertado. Ese mismo día en que Nishiki había nacido, ese mismo día que Suzume nació, y tanto el mismo día que Ao nació después, su tía murió para dejarle el lugar a la nueva. Suzume nació de vuelta. Como todas las mujeres del clan Mamushi, Suzume nació.

No recuerda bien el incidente o qué pasó después de eso, pero sí recuerda haberse levantado y mirar su propio ojo que estaba vendado y que los sueños que había tenido de ese día, después de desmayarse, le revelaban la verdad. No sabía qué había pasado, pero su padre ya preparaba el traje ceremonial y sus cosas. La pesadilla y el sueño de Suzume se realizaba, para así dejar atrás toda esa vida que ella había soñado de grande, evitado de pequeña. Shima no estaba, él se había ido. Ao la miraba con miedo, un miedo incomprensible.

Pasaron los días, exactamente cuatro meses y Suzume no lo soportó. Huyó de su casa sin más refugiándose en cualquier templo de Japón. Entendía que aun así debía cuidar de las armas, y no faltó a eso, pero no iba a comprender nunca que su vida tenía que entregárselas a ellas. Se dice entonces que si estás cerca de saber dónde se guardan las siete armas, escucharás un cascabel.

Suzume actualmente es buscada por el Clan Mamushi por robarse una de las armas y faltar a su deber. Ella actualmente está buscando a Shima, quien siente que lo traicionó.

En llamas me acosté,
en un lento degradé.
Supe que te perdí.



EXTRAS.

♔ En su familia era muy habitual escuchar la historia de Yamata-no-Orochi, que básicamente significa "Gran serpiente dividida en ocho". Este era un monstruo propio de la mitología japonesa descripto en los libros de Kojiki y Nihonshoki como una deidad que provenía y vivía de la zona Torikami en Izumo. Tiene ocho cabezas y ocho colas. La misma historia contaba de dos ancianos hijos de deidades que lloraban desbastados porque Yamata-no-Orochi se tragó a sus ocho hijas, una cada año, y solamente quedaba su hija menor. Otro dios se ofrecía a salvarla solamente si se casaba con esa mujer, y así ideaba un plan en el que la serpiente caía ante esta persona. Así, con la cola del medio de la serpiente, descubriendo que dentro poseía una espada llamada Murakumo-No-Tsurugi que luego se llamaría Kusanagi.

♔ Así mismo, Suzume fue llamada de manera similar al que mató a la serpiente.

♔ Casualmente las cajas de animal que poseen en la familia, que son hederadas de mujer en mujer en órden, hacen alusión a Yamata-no-Orochi, solo que ellas solamente poseen tres de las ocho cajas que realmente existen, donde se dividió la deidad.

♔ Sus hermanas se llaman Nishiki y Ao.

♔ Tiene dos hermanas más de las cuales cumplen el mismo día que ella, pero en diferentes años que casualmente, se repite cada tres. Es decir, primero está su hermana mayor, después de tres años nació ella y acto seguido, luego de tres años también, nació su hermana. Además, su madre también comparte la misma particularidad con sus dos hermanas, teniendo esa casualidad de que también nació el mismo día que sus hijas.

♔ Las seis mujeres de la familia, incluyéndola a ella, son muy parecidas entre sí. De hecho son idénticas e identificarlas es algo difícil, a no ser que sea por los rasgos de la edad. Aun así, la diferencia que nuestra niña posee con su hermana es completamente nula que te sorprende, solo conociéndolas bien y dándose cuenta de su comportamiento y habla te podrías dar cuenta.

♔ Suzume aun busca a su amado, aunque él haya desaparecido del templo sin dejar rasgo sabe que en algún lugar del mundo está. Lo siente, sabe que no se murió aquella vez porque sabe que no es demasiado estúpido con para hacerlo.

♔ Está tan obligada a usar tanta ropa, tanto el uniforme modificado como su traje de templo, que a veces dice que quiere renunciar a todo o simplemente pelear desnuda. Sí. No lo ha hecho por su propia moral, pero a veces se irrita de tener tanta ropa para algunas ceremonias y no tiene problemas.

El cielo, aquel que lo cubre todo. La tormenta, aquella que destruye todo.


Suzu-suzu Mizu-mizu

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Suzume Tsukino
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